CUERPOS DIGITALES, TERRITORIOS EN DISPUTA: EL SALVADOR

Análisis feminista de las violencias digitales contra las defensoras de derechos humanos en El Salvador.

Este es el capítulo dedicado a El Salvador de la investigación "Cuerpos digitales, territorios en disputa. Análisis feminista de las violencias digitales contra las defensoras de derechos humanos en Mesoamérica".

En este capítulo describimos como las instituciones públicas, en tanto que operadores al servicio de poderes fácticos extractivistas, trasnacionales y ultraconservadores, sostienen una cruzada para deslegitimar la defensa de los derechos humanos en el país, la cual tiene manifestaciones concretas y muy ostensibles en el entorno digital.

1. CONTEXTO POLÍTICO Y DE DEFENSA DE DERECHOS HUMANOS EN EL SALVADOR

El Salvador es un país con profundas desigualdades estructurales que se expresan en una convulsión social permanente. Pasó de sufrir dictaduras militares y un conflicto armado a vivir violencia social y control territorial a manos del crimen organizado. A partir de 1992, el país empezó a construir una incipiente institucionalidad democrática. No obstante, los poderes políticos y fácticos, siguiendo las recetas del capitalismo neoliberal, privatizaron lo poco que aún administraba el Estado, excepto —gracias a la organización gremial de estos sectores— la educación y la salud. El sistema político y económico que se construyó tras la guerra no dio respuestas a las demandas más sentidas de la población, favoreció a las élites locales y profundizó la desigualdad y la violencia.

En 2019 asumió la presidencia Nayib Bukele, del partido Nuevas Ideas, iniciando un proceso acelerado de concentración de poder en el Ejecutivo con el objetivo de ser un eficiente operador de las agendas globales tecno-capitalistas, ultraconservadoras y anti-derechos. El 9 de febrero de 2020, junto con el ministro de Defensa y el director de la Policía Nacional Civil, tomó la Asamblea Legislativa (AL). Este golpe de Estado de facto marcó un punto de inflexión en el declive de la frágil institucionalidad democrática del país.

Actualmente, El Salvador apuesta por la implementación de políticas represivas incompatibles con los derechos humanos, así como por la instalación de sedes de grandes corporaciones digitales como Google y el desplazamiento de comunidades en beneficio de megaproyectos extractivistas. Unido a ello, se desmantelan las ya de por sí insuficientes políticas sociales existentes y se intenta silenciar y debilitar el tejido social y comunitario.

La innovación y la agenda digital se presentan como las insignias de un modelo que, en nombre de la “modernización” y el “desarrollo”, no tiene otro objetivo que beneficiar a empresas extranjeras millonarias, por ejemplo, con la exención de impuestos. Además, se han impulsado algunos cambios legislativos que allanan el camino para la privatización de bienes comunes y el despojo a comunidades en beneficio de inversiones extranjeras: la Ley general de minería metálica, la ley de disolución del Fondo Ambiental de El Salvador (FONAES) o la Ley general de aguas, que facilita las licencias a empresas inmobiliaria para proyectos habitacionales en zonas donde existen reservas de agua. Actualmente, grandes proyectos inmobiliarios, de infraestructura o de desarrollo turístico aprobados sin procesos de consulta, están provocando el desplazamiento de comunidades en todo el territorio nacional. En aras de promover el turismo por medio del proyecto Surf City, la costa del país se ha gentrificado y los inversionistas explotan para su beneficio privado los escasos bienes naturales.

Entre los aliados claves del Ejecutivo se encuentran sectores ultraconservadores con el respaldo financiero y logístico de lobbies transnacionales de extrema derecha. Los intereses económicos de estos sectores se entrelazan con narrativas anti-feministas y anti-derechos que son replicadas por actores gubernamentales.

La implementación de políticas autoritarias de mano dura, en particular la prolongación reiterada del régimen de excepción impuesto desde marzo de 2022, han facilitado el acelerado avance del modelo tecno-capitalista. Mientras se ocultan las cifras de femicidios, personas desaparecidas y fosas clandestinas, la política de seguridad se ha utilizado como elemento propagandístico para popularizar el “éxito” del gobierno.

Lejos de atender las causas estructurales de la violencia, el régimen de excepción ha facilitado la militarización y el control territorial, sobrepoblando las cárceles bajo procedimientos legales opacos y arbitrarios. Información publicada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos indica que a fecha de marzo de 2026 más de 91 mil personas habían sido detenidas desde el inicio del régimen de excepción y se habrían registrado al menos 500 muertes bajo custodia estatal en el mismo periodo. Por otro lado, con base en datos del informe “Tres años del régimen de excepción: tortura sistemática en las cárceles de El Salvador”, entre el 27 de marzo y el 28 de febrero de 2025 se dieron hechos violatorios a los derechos humanos en contra de 6,889 personas: detenciones arbitrarias, faltas al debido proceso, allanamientos de morada, tratos crueles, inhumanos o degradantes y torturas, desapariciones forzadas, desplazamientos forzados, abusos sexuales, actos de discriminación por orientación y/o identidad sexual, detenciones de mujeres embarazadas, limitaciones al acceso a la salud y muertes bajo custodia, entre otros. 

Las instituciones, como operadores de poderes fácticos trasnacionales y ultraconservadores, buscan silenciar al periodismo crítico y a las organizaciones que defienden derechos humanos, especialmente las que cuestionan el régimen de excepción y los proyectos extractivistas.

Así, a periodistas y organizaciones y personas defensoras de derechos humanos se las acusa públicamente de apoyar a pandillas o de ser terroristas o “enemigos de la patria”. La aprobación en 2025 de la Ley de Agentes Extranjeros ha sobrecargado a las organizaciones sociales y no gubernamentales con controles fiscales y administrativos injustificados, limitando su acceso a recursos financieros, mientras se amplían las facultades gubernamentales para vigilar, sancionar y restringir el derecho de la población a organizarse.

En este contexto, los movimientos sociales que protestan contra proyectos de despojo —públicos o privados— enfrentan militarización, desplazamientos forzados y criminalización de sus liderazgos a través de delitos fabricados, todo ello sin garantías de debido proceso. La comunidad de Santa Marta, por ejemplo, en su batalla contra la minería metálica, está sitiada por el ejército y cinco de sus líderes, integrantes de la Asociación para el Desarrollo Económico Social (ADES Santa Marta), fueron detenidos arbitrariamente, sujetos a un proceso penal injusto e ilegal y criminalizados durante 21 meses. Entre mayo y diciembre 2025, Alejandro Henríquez, abogado y defensor ambientalista, y José Ángel Pérez, líder comunitario y presidente de la Cooperativa El Bosque, fueron criminalizados por su la lucha en contra del desalojo de 300 familias de El Triunfo, Santa Tecla y en represalia por su legítimo ejercicio de la protesta.

A través de nuestro sistema de Registro, entre 2020 y 2025 hemos documentado un total de 3,560 agresiones contra 284 defensoras y 83 organizaciones que defienden derechos humanos en El Salvador.

Durante 2025 evidenciamos un incremento en las agresiones, así como la aparición de nuevas formas de violencia especialmente graves, entre ellas la confiscación de bienes y propiedades, la expulsión de las defensoras de sus comunidades o de los lugares donde desarrollan su labor, los desalojos, el desplazamiento forzado interno y externo, las detenciones arbitrarias y el inicio de procesos judiciales infundados. Un ejemplo de ello es la criminalización de Ruth López, defensora de derechos humanos y directora de la unidad de anticorrupción y justicia de la organización Cristosal. El propósito principal del conjunto de estas agresiones es mandar mensajes ejemplarizantes para propagar el miedo, silenciar a los movimientos sociales y desarticular el tejido social.

3. ¿CÓMO SE RELACIONAN LAS DEFENSORAS SALVADOREÑAS CON LAS TECNOLOGÍAS?

Las defensoras de derechos humanos salvadoreñas encuestadas reconocen que la tecnología y las redes sociales son territorios que están siendo utilizados para vigilarlas y desprestigiarlas. Plataformas como X han sido utilizadas no sólo para difundir las decisiones y narrativas oficiales, sino también para la difusión masiva y coordinada de mensajes con discursos de odio y desinformación.

Ante esto, han fortalecido su uso, apropiación y activismo en redes sociales para disputar el territorio digital. Desde 2019 abundan los esfuerzos para la construcción de un movimiento articulado, tanto en las redes sociales como en las calles, capaz de movilizar la agenda política e influir en las narrativas y el imaginario colectivo.

El aumento en el uso de las tecnologías y las redes sociales ha propiciado que el movimiento feminista joven tome fuerza, visibilizándose cada vez más, por ejemplo, durante la sindemia por covid-19. Este movimiento orgánico, feminista e independiente, convocó a manifestarse virtualmente para pronunciarse contra las políticas y los mecanismos de atención a la emergencia por la sindemia; visibilizando cómo decisiones marcadas por la ausencia de una perspectiva diferenciada de género provocaron situaciones críticas para las poblaciones más vulnerables. Durante la cuarentena, y en respuesta a la afirmación del gobierno de que "las mujeres están 61% más seguras en este gobierno de lo que estaban en el gobierno anterior", ciber-activistas se movilizaron para desmentirla. Hasta hoy, continúa la negativa des funcionarios e instituciones públicas a nombrar como femicidios las muertes violentas de mujeres.

La presencia de las feministas salvadoreñas en la red social X ha aumentado visiblemente y ha ido más allá de lo virtual, alcanzando el espacio público con protestas contra los femicidios y la aparición de fosas clandestinas, como la de Chalchuapa. Con ello, ponen de manifiesto su fuerza, incorporando recursos como la expresión artística en sus manifestaciones públicas. Por ejemplo, el performance “Maldición”, de la colectiva Amorales, realizado en el Monumento Alegórico a la Constitución y cuyas palabras causaron revuelo en las redes sociales, hace patente cómo el activismo de estas defensoras integra el territorio físico y el digital.

Sin embargo, al analizar los testimonios recogidos, se hace evidente la gran brecha existente, respecto al uso de las plataformas, entre las defensoras salvadoreñas y el poder gubernamental. Algunas de ellas encaran esto como un reto; otras, por ser conscientes de la misma, se niegan a identificarse como ciberactivistas.

Como señala un testimonio:

“Necesitamos salir de la apatía hacia el uso de las plataformas tecnológicas”.

Al respecto, otra compañera afirma:

“Todo el aparataje del Estado tiene acceso a estos recursos tecnológicos. Nos pone en una condición demasiado vulnerable, ellos pueden saber todo de nosotras y nosotras nada de ellos”.

En el conjunto de testimonios subyace una mirada estratégica sobre el uso de las tecnologías digitales. Todas las entrevistadas reconocen que es fundamental utilizar las plataformas, pero también existe una consciencia, a partir de su experiencia, de que su uso las puede exponer y vulnerar. Las defensoras entrevistadas indican que han reflexionado sobre qué deciden publicar o no en sus redes y plataformas; y que son conscientes de la diferencia entre lo privado —contenidos, contactos y plataformas— y lo público, definiendo ambas esferas con cuidado y siempre a sabiendas de las complicaciones de sus decisiones. Asimismo, reconocen el riesgo que implica que su privacidad e información personal no dependan exclusivamente de ellas mismas, ya que terceras personas pueden tener acceso a las mismas y publicar datos personales sin su consentimiento.

4. VIOLENCIA DIGITAL CONTRA DEFENSORAS DE DERECHOS HUMANOS EN EL SALVADOR

De acuerdo con nuestro registro de agresiones, entre 2020 y 2025 en El Salvador registramos 2,241 agresiones contra defensoras de derechos humanos a través de medios digitales, lo que representa 63% del total de agresiones documentadas durante el mismo período en este país. 

La mayoría de las defensoras que participaron en la investigación señalan que han sufrido violencia digital de forma sistemática en el marco de su activismo. Asimismo, consideran que las agresiones digitales se han incrementado en los últimos años. Esto percepción coincide con nuestro registro: el total de agresiones por medios digitales documentadas en 2025 es 135% superior al de 2024. 

Las defensoras encuestadas admiten que se sienten vulnerables a ataques al usar las TIC para realizar su trabajo como defensoras. Entre los principales motivos de esta vulnerabilidad destacan, según ellas: la inseguridad que genera el distinto nivel de conocimiento de las tecnologías, el riesgo digital al que las expone su activismo, el hecho de que consideran la seguridad digital como algo complicado y su percepción de que los ataques digitales van en aumento. Estos sentimientos de vulnerabilidad presentan una dimensión personal —la duda con respecto a los propios conocimientos acerca de las tecnologías y la seguridad— y el reconocimiento de un contexto donde su activismo las expone a ataques.

LA DIMENSIÓN DE GÉNERO DE LA VIOLENCIA DIGITAL

De manera transversal, los testimonios dan cuenta de que la violencia facilitada por las tecnologías digitales tiene un componente fundamental de género, vinculado a una importante agenda antifeminista muy activa a nivel político nacional, regional e internacional.

Esto coincide con los datos de nuestro registro de agresiones, donde documentamos que 86% de las agresiones digitales en El Salvador entre 2020 y 2025 incluyen violentos mensajes que intentan reforzar el orden patriarcal basado en género.

Estos componentes de género se expresan, por ejemplo, ridiculizando la orientación sexual, identidad de género o apariencia física de las defensoras; exigiéndoles volver a sus casas para cocinar a sus maridos; o cuestionando el derecho a la participación política de las mujeres: "dejar votar a las mujeres es un error". Las agresiones también se expresan a través de la negación de los derechos de las disidencias sexo-genéricas. Por ejemplo, una defensora entrevistada expresó que cuando publicó su cambio de nombre y género comenzó a sufrir agresiones digitales que incluían amenazas hacia sus hijas y su familia.

En esta línea, el informe de la Mesa por el Derecho a Defender Derechos (2024) sobre ataques a periodistas entre octubre de 2023 y el 10 de enero de 2024 reveló que las mujeres periodistas sufrieron 655 ataques digitales con un importante y notorio componente de violencia sexual, misoginia y lesbofobia. El 17.5% del total de comentarios contra mujeres periodistas entra en la tipología de violencia sexual. Un hallazgo relevante es que 7% de los insultos dirigidos hacia periodistas varones son expresiones de contenido transfóbico, homofóbico y misógino, refiriéndose a ellos con el pronombre ella o con insultos específicos para mujeres, como perra. En ese sentido, observamos un fuerte componente de violencia basada en el género, incluso cuando los insultos se dirigen a varones.

5. ¿QUÉ AGRESIONES ENFRENTAN LAS DEFENSORAS SALVADOREÑAS EN EL ÁMBITO DIGITAL?

Las defensoras que participaron en esta investigación no siempre conocen las categorizaciones técnicas de las agresiones digitales, ya que estás son complejas y cambiantes. En la encuesta realizada, se identifican cuatro tipos de agresiones digitales como los más comunes:

  1. La vigilancia y el rastreo digital de su celular, computadora o redes sociales.

  2. La suplantación, usurpación y robo de su identidad electrónica; es decir, cuando se hacen pasar por ellas en correo, redes sociales, celular, cuenta bancaria, etcétera.

  3. El acceso no autorizado (hackeo) a sus cuentas personales o de trabajo.

  4. El ciberacoso u hostigamiento digital, que se puede expresar como difamación en línea, difusión de información falsa o privada contra ellas o personas cercanas, mensajes de acoso, ridiculización, amenazas, etcétera.

Por otro lado, al analizar la información proporcionada por los testimonios identificamos las siguientes expresiones de violencia digital:

  • Desinformación. Este fue el ataque más nombrado por las entrevistadas, lo que no es de extrañar, ya que desde hace años existen investigaciones y reportajes nacionales e internacionales que muestran cómo la utiliza el gobierno. Una investigación realizada por la agencia Reuters advertía sobre la construcción de un gigante de las comunicaciones con trolls pagados que ponen en peligro a periodistas y a personas opositoras. La principal característica de este tipo de ataque es la manipulación de la información para la denostación y el descrédito de la defensora y las organizaciones a las que pertenece. Se materializa publicando información falsa, como fotos trucadas, o fuera de contexto, como videos con información parcial, para cimentar acusaciones falsas. Esta estrategia busca polarizar la opinión pública, reviviendo las fracturas sociales históricas del país: los buenos, partidarios del gobierno y sus aliados; y los malos, personas y organizaciones que se oponen a los buenos.

    Las primeras que enfrentaron ataques en redes sociales fueron periodistas. Documentamos ataques constantes, cargados de insultos, expresiones de odio y amenazas de violencia sexual desde cuentas afines al ejecutivo como forma de represalia a publicaciones críticas a la gestión gubernamental.

  • Acoso.  Este tipo de violencia se ejerce a través de conductas repetitivas e indeseables dirigidas hacia las defensoras para causarles temor, angustia, intimidación o perturbación emocional. La estrategia más común es la denuncia masiva de sus cuentas de redes sociales para dar de baja sus publicaciones, bloquear su perfil e, incluso, provocar que lo pierdan. También están los ciber-bombardeos que inundan sus correos electrónicos, generándoles confusión, miedo y frustración; así como la creación de hashtags para fomentar el acoso masivo.

    Una académica fue señalada por un asesor de seguridad del gobierno, de manejar un troll center desde el cual se organizaban ataques contra el presidente y sus funcionarios. Asimismo, algunas abogadas que se han destacado por sus opiniones críticas en esa red social fueron atacadas por bots desde cuentas afines al gobierno y algunos funcionarios públicos.

  • Amenazas a la integridad de las defensoras y su círculo cercano. Estos ataques suelen proceder de cuentas anónimas que les advierten que corren peligro si continúan realizando su trabajo. En los últimos años hemos documentado amenazas —directas e indirectas— de muerte y de violación sexual dirigidas tanto hacia las defensoras como a sus familias. Estas amenazas ejemplifican el límite difuso entre “lo físico” y “lo digital” ya que, debido al contexto de impunidad reinante en el país, se percibe como una realidad que podría concretarse en cualquier momento y, en ocasiones, van acompañadas de indicios de vigilancia presencial a través de expresiones como “yo sé dónde vive”, el envío de nombres o fotos de sus seres queridos o situaciones inusuales como “hurtos” o presencia inusual de patrullas de la PNC cerca de sus viviendas. 

    En marzo del 2022, los grupos de WhatsApp de activistas feministas fueron hackeados e intervenidos y recibieron violentos mensajes con amenazas de muerte, violencia sexual, asaltos a sus viviendas y centros de reunión. Tras la denuncia sólo imperó el silencio.

  • Vigilancia ilegal electrónica. Ésta es una de las principales preocupaciones de las defensoras, ya que se ha comprobado que periodistas y personas opositoras, o percibidas como tales, han sido víctimas de ciber-espionaje por parte del gobierno a través del software Pegasus. Un testimonio, tras comprobar el uso del programa Pegasus en su teléfono celular, expresó: “Encendieron mi cámara y micrófonos, accedieron a mis fotos, contactos, etcétera. ¡Me sentí tan vulnerada!”. Una entrevistada que recibió un hackeo, al parecer, producido a través de phishing, denunció la vulneración de su información y la de su organización. Esta situación conllevó la difusión de mensajes en contra de su colectiva; en su testimonio expone: “Estas personas que hicieron estos ataques sabían quiénes éramos nosotras. He sentido mucho miedo de que en algún momento puedan utilizar toda esa información que vieron ahí y que básicamente la están guardando para otro momento”.

    En noviembre de 2021 se expuso públicamente que periodistas e integrantes de organizaciones recibieron una alerta, por parte de la empresa Apple, en la que se les advertía que estaban siendo sujetos de vigilancia selectiva por parte de “atacantes patrocinados por un Estado”. El análisis hecho por Amnistía Internacional y Citizen Lab confirmó que, en efecto, cada dispositivo estaba infectado con el programa espía Pegasus de NSO Group.

6. ¿QUIÉNES AGREDEN A LAS DEFENSORAS SALVADOREÑAS EN EL ÁMBITO DIGITAL?

De acuerdo con nuestro sistema de registro, entre 2020 y 2025, 61% de los perpetradores de las agresiones digitales en El Salvador son personas desconocidas. Esto evidencia como los perpetradores se aprovechan del anonimato y la impunidad que facilitan las plataformas digitales.

Algunas de las defensoras encuestadas señalan que saben o tienen sospechas sobre quienes son los perpetradores de estos ataques sistemáticos; mientras que otras lo ignoran. Los actores que identifican como sospechosos de estar detrás de la violencia digital que reciben son, en primer lugar, las autoridades públicas nacionales o locales y, en segundo, los partidos políticos, simpatizantes o integrantes de dichos partidos. Otros actores relevantes son agentes policiales, fuerzas armadas, delincuencia común y medios de comunicación.

A partir del análisis de contexto y de nuestro registro de agresiones, hemos logrado identificar el posible el uso de bots y/o trolls financiados por el Estado y grupos anti-derechos para perpetrar las agresiones. Asimismo, funcionarios públicos de alto rango y medios de comunicación afines al Ejecutivo utilizan sus discursos públicos y las redes sociales para desacreditar, difamar y criminalizar a quienes ejercen la defensa de los derechos humanos, reforzando un clima de hostilidad y represalia hacia las defensoras.

Desde antes de su detención en mayo de 2025 y hasta la actualidad, la abogada y defensora integrante de Cristosal, Ruth Lopez, ha sido víctima de una campaña sistemática de desinformación y desprestigio impulsada por el aparato estatal. Según una investigación de Coyuntura, publicada menos de un mes después de su detención, ya se habían generado más de 70,000 publicaciones en X sobre el caso, la mayoría de ellas desde cuentas con patrones sospechosos o directamente automatizados que incluyen insultos muy similares: "ladrona", "rata", "perra", "show", "corrupta".

De acuerdo con la misma investigación, durante los primeros nueve días del mes de junio 2025 se observó que sólo tres de cada 10 cuentas de X que comentaron sobre Ruth López mostraban indicios mínimos de pertenecer a una persona real foto de perfil creíble, nombre completo, algún dato identificador, mientras que las siete restantes correspondían a cuentas anónimas con imágenes genéricas, sin historial de actividad consistente y dedicadas casi exclusivamente a difundir propaganda favorable al ejecutivo y ataques coordinados contra voces críticas.

De acuerdo con los testimonios, en El Salvador hay un consorcio de perpetradores que actúa como bloque: por un lado, el gobierno y sus funcionarios; por otro, la agenda ultraconservadora. Desde 2019 ha sido acreditada públicamente la existencia de troll centers que operan en El Salvador. Según otra defensora, la agenda ultraconservadora tiene gran poder en las políticas públicas porque el conservadurismo todavía entrega muchos votos en el país y la región.

Hoy, la agenda de la ultraderecha internacional cuenta con recursos financieros suficientes para coordinar estrategias digitales, como la empleada en redes sociales durante la visita del ultraderechista argentino Agustín Laje a El Salvador, quien defiende lo que el conservadurismo extremo denomina “la batalla cultural” en contra de agendas progresistas como el feminismo y las disidencias sexo-genéricas.

El propósito de este consorcio es desacreditar a quienes defienden derechos humanos y a la prensa independiente —actores que cuestionan el ultraconservadurismo y las medidas políticas del gobierno—, aniquilar la disidencia, la crítica y la libertad de expresión y, en el camino, desprestigiar la integridad de cualquier persona, colectivo u organización que pueda ser considerada voz crítica y/o opositora.

7. ¿CÓMO AGREDEN A LAS DEFENSORAS SALVADOREÑAS EN EL ÁMBITO DIGITAL?

A partir de los testimonios de las defensoras identificamos algunos mecanismos o modus operandi utilizadas por los perpetradores:

  • Estrategias de viralización. Sin duda, las redes sociales son las preferidas para perpetrar las agresiones, ya que permiten la rápida viralización de los mensajes. En El Salvador se usan técnicas como la creación de hashtags para viralizar agresiones, el pago de granjas de trolls o bots y la contratación de creadores de contenido influyentes (influencers) que aumentan el alcance de los mensajes que intentan desprestigiar el trabajo de las defensoras. Si bien las redes sociales X y Facebook son las plataformas clásicas para la desinformación y viralización de contenidos, también sobresale YouTube, ya que influencers pagados, con credenciales de prensa facilitadas por el gobierno, actúan como agentes que viralizan la narrativa oficial.

  • Monitoreo constante de información personal. Varias de las agresiones se sustentan en la información personal de las defensoras, por lo que es evidente que los perpetradores llevan a cabo un monitoreo complejo de sus perfiles. Como afirma un testimonio: "Son ataques basados en datos personales; son personas que están permanentemente investigando". Cuando el Estado es uno de los principales sospechosos detrás de las agresiones, genera preocupación la posible recopilación de datos personales sensibles a partir de las plataformas digitales de las instituciones y servicios públicos.

  • Complicidad de medios de comunicación hegemónicos. Las agresiones a través de tecnologías digitales, en particular la desinformación, ocurre en asociación estratégica con los medios hegemónicos tradicionales. Muchas veces, primero son los medios los que actúan como caja de resonancia a este tipo de desacreditación, luego esa información se replica y viraliza en las redes sociales.

  • El acoso contra la prensa critica. En un contexto donde los medios hegemónicos se subordinan al poder, un claro enemigo para los perpetradores es la prensa independiente y crítica. Por su defensa de la libertad de prensa ha sido sometida a un régimen de desacreditación, acoso y vigilancia digital. Al respecto, un testimonio recuerda que al denunciar las estrategias de vigilancia del ejecutivo “comenzó la maquinaria del hostigamiento”. 

  • Narrativas que dividen a la sociedad y los movimientos sociales. Identificamos la difusión de narrativas que identifican a los movimientos sociales u organizaciones de derechos humanos como enemigos internos, apelando a las fracturas sociales presentes desde la guerra civil en El Salvador. Con frecuencia se asocia a las personas que defienden derechos con terroristas, con pandilleros o con parejas de éstos; o se afirma de ellas que son personas “que defienden asesinos”. Así, se responsabiliza a quienes defienden derechos humanos de malestares sociales de la población como la violencia, la corrupción y el bipartidismo.

8. LA IMPUNIDAD

Propiciado por el anonimato de los agresores, los ataques digitales se manifiestan en un vacío legal y desconfianza en las instituciones públicas y las plataformas digitales que garantizan su impunidad. La mayoría de las defensoras encuestadas expresó no haber interpuesto denuncia ante el Estado, pues creen que el marco político legal del país no garantiza su protección digital. Según los testimonios, algunas de las razones particulares para no denunciar son: la falta de claridad sobre cómo demostrar quién está detrás de los ataques y el desgaste emocional y económico provocado por tanto acoso. En ocasiones, no denunciar es una estrategia de protección para no recibir más ataques físicos o digitales como represalia y no afectar a su familia u organización.

Por otro lado, algunas de las defensoras encuestadas indican que denunciaron ante las plataformas digitales donde recibieron los ataques. Sin embargo, como testifica una de ellas, las plataformas no protegen contra los discursos de odio hacia la comunidad lgbttiq+:

“Ahora con X ya ni hago denuncias: se demoran, no comprenden. En general, las plataformas tienen mucho trabajo que hacer”.

9. PRIORIDADES DE PROTECCIÓN Y SEGURIDAD DIGITAL DE LAS DEFENSORAS SALVADOREÑAS

La comprensión del ámbito digital requiere una mirada amplia sobre lo que conlleva el ciberactivismo en contextos de creciente autoritarismo. En el actual contexto político salvadoreño, como expresa un testimonio:

Peligramos por ser quiénes somos y por hacer lo que hacemos”.

Por ello, es importante fortalecer la visión política acerca de los ataques digitales y terminar con lo que en una entrevista nombran como “invisibilización de la violencia digital”. Así, una de nuestras necesidades prioritarias es la promoción de la conciencia sobre la violencia digital y la divulgación de los derechos digitales.

En las entrevistas en profundidad y en las encuestas realizadas, las defensoras salvadoreñas recononcen la dificultad para percibir cuando están frente a un evento de violencia digital. La naturalización de esta violencia es tan arraigada que pone de manifiesto la necesidad de acceso a formación en tecnología. Manifiestan requerir conocimientos técnicos que les permitan acceder a la autonomía tecnológica desde una perspectiva feminista. Por lo tanto, son fundamentales los espacios de capacitación en aspectos técnicos para que puedan reconocer la violencia digital y contar con herramientas que les permitan prevenirla y enfrentarla. El diseño y seguimiento de estos espacios deben tener una perspectiva acorde con sus realidades, que considere, por ejemplo, su acceso a servicios de internet, dispositivos y conocimientos básicos, como la lectoescritura.

El combate a la violencia en el ámbito digital requiere la conciencia de la dimensión del espectro en el que ésta ocurre y nuestra capacidad de maniobra. Las defensoras salvadoreñas identifican que, en ocasiones, el desconocimiento sobre protocolos de acción frente a las agresiones digitales las paraliza. Ante esto, es fundamental aumentar su apropiación sobre protección y seguridad digital en términos políticos, técnicos y personales dentro de sus comunidades. Si bien hay una creciente experiencia sobre seguridad digital, existen retos específicos urgentes: desde hacer un seguimiento sistemático a los perpetradores para saber quiénes son, hasta diseñar protocolos de seguridad como ejercicio colectivo de las propias comunidades.

De acuerdo con las encuesta realizadas, entre los ámbitos de seguridad digital en los que las defensoras se sienten más vulnerables, destacan tres: la detección de virus y malware; la creación, manejo y gestión de contraseñas y el uso seguro de redes sociales (manejo de controles de privacidad y anonimato, tipo de información publicada, etcétera).

Una defensora entrevistada reflexiona:

“Se ha vuelto una política de Estado denostar a través de internet; los funcionarios buscan la desinformación para atacar la veracidad y credibilidad de los periodistas. No hay forma [de] que un individuo pueda con esa diferencia de poder”.

Por esto, uno de los apoyos que se necesitan es organizarse colectivamente en, al menos, dos frentes:

  • Articular mejor los canales de ayuda. En los testimonios recogidos hay una visión transversal respecto de la necesidad de mejorar el acceso a la información sobre los canales de ayuda existentes: se requiere seguridad digital, apoyo psico-social, acceso a plataformas seguras, fondos de emergencia para el desplazamiento, etcétera. Apremia, además, una respuesta urgente y oportuna, pues como menciona una de las entrevistadas: “cuando nos enfrentamos a la violencia digital existe pasividad o activación de protocolos tardíos”.

  • Coordinar mejor las respuestas públicas colectivas ante los ataques. Los testimonios señalan que no hay que callar ante la violencia, pero también reconocen que se deben tomar todas las precauciones posibles de acuerdo a las necesidades de protección de las defensoras denunciantes. Ante esto, como menciona un testimonio:

    “Debemos echar mano de lo colectivo, no caer en los individualismos”

    Más aún, necesitamos, como afirma otra de las entrevistadas:

    “El fortalecimiento internacional de la solidaridad feminista”

CUERPOS DIGITALES, TERRITORIOS EN DISPUTA: EL SALVADOR