CUERPOS DIGITALES, TERRITORIOS EN DISPUTA: MÉXICO

Análisis feminista de las violencias digitales contra las defensoras de derechos humanos en México.

Este es el capítulo dedicado a México de la investigación "Cuerpos digitales, territorios en disputa. Análisis feminista de las violencias digitales contra las defensoras de derechos humanos en Mesoamérica".

Las defensoras de derechos humanos en México se enfrentan al desafío de denunciar en las calles, en sus comunidades y en el territorio digital las injusticias y las consecuencias violentas del sistema capitalista, racista y patriarcal imperante. Lo hacen en un contexto adverso, marcado por grupos de poder que recurren a la violencia para proteger sus intereses y perpetuar sus privilegios. 

Ellas son periodistas que ejercen su derechos a la libertad de investigar e informar sobre las lógicas de corrupción e impunidad en el país; buscadoras que demandan la aparición con vida de sus seres queridos, así como verdad, justicia y reparación; feministas que se movilizan por el cese de la violencia machista, los feminicidios y transfeminicidos; mujeres y diversidades sexo-genéricas que exigen el respeto de los derechos sexuales y reproductivos; maestras que defienden sus derechos laborales y una educación pública de calidad; defensoras de la tierra, el territorio y los bienes naturales que resisten ante megaproyectos extractivos y lógicas neocoloniales de despojo; mujeres indígenas que defienden su lengua, su cultura y su cosmovisión... entre muchas otras que día tras día luchan por hacer de México más justo e igualitario.

1. CONTEXTO POLÍTICO Y DE DEFENSA DE DERECHOS HUMANOS EN MÉXICO

Durante décadas, México se ha enfrentado a la imposición de un modelo capitalista neoliberal que ha facilitado la concentración acelerada de la riqueza, ampliando la desigualdad social y el empobrecimiento de más de la mitad de la población. Este modelo propicia la corrupción y el despojo en detrimento de los derechos de las mayorías, afectando de manera particular a las mujeres, la niñez, los pueblos indígenas y afromexicanos, y a la clase trabajadora. Su crueldad, sustentada en el extractivismo y en políticas de acumulación por desposesión que generan precariedad y muerte, ha agravado la inseguridad y la violencia en sus diversas manifestaciones.

La violencia en México se agudizó a partir de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, declarada en 2006 por el entonces presidente Felipe Calderón y continuada por Enrique Peña Nieto. En la práctica, esta estrategia implicó el despliegue masivo de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública dentro de los territorios y comunidades del país. Como resultado, se generó una de las crisis de violencia y violaciones a derechos humanos más graves de las últimas décadas, con impactos profundos sobre la economía, la política y el tejido social muy difíciles de revertir en el corto plazo.

Aunque en los dos últimos sexenios existe un cambio de narrativa por parte del ejecutivo federal y se han implementado otros modelos de seguridad, la creación de la Guardia Nacional y el poder que mantiene el Ejército han reforzado la preocupación por la militarización de las tareas civiles, las denuncias de violaciones a derechos humanos y la persistente infiltración del crimen organizado en las estructuras de seguridad. En los últimos años se han implementado medidas que han reducido la desigualdad; sin embargo, no se ha logrado transformar las condiciones estructurales que la generan y persisten la violencia social y políticas capitalistas como el extractivismo, el cual sigue siendo fuente de conflictos en muchos territorios del país. 

La violencia histórica y estructural que se vive en el país mantiene cifras muy elevadas de homicidios, feminicidios y otras violencias. En 2023, México ocupó el quinto lugar entre los países con más homicidios del mundo. Esta situación se refleja en la tasa global de homicidios por cada 100.000 habitantes registrada en 2024: mientras la tasa global fue de 5.8, y la del continente americano de 20.2, en México ascendió a 25.8. En 2024, los estados con mayores tasas de homicidios por 100.000 habitantes fueron Colima (123), Morelos (77), Baja California (65), Guanajuato (63) y Chihuahua (60). En enero de 2026, el Inegi reportó que de enero a junio de 2025 se obtuvo una tasa de 11.1 presuntos homicidios por cada 100 mil habitantes a nivel nacional; siendo menor a la tasa registrada para el mismo periodo de 2024, que fue de 12.6. En relación con los feminicidios, en 2024 se registraron 852 feminicidios en México, lo que en promedio representa uno cada 10 horas y una tasa de 1.3 asesinatos de mujeres por motivos de género por cada 100 mil habitantes del sexo femenino (CEPAL, 2025). 

Este contexto generalizado de violencia afecta gravemente los derechos humanos de la población y aumenta los riesgos que enfrentan quienes los defienden. En 2012 entró en vigor la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, que ordenó la creación de un mecanismo de protección. Hasta octubre de 2025, este mecanismo ha beneficiado a 2,619 personas. Entre 2012 y octubre de 2025, 70% de las agresiones reportadas al Mecanismo correspondió a amenazas, 25% a agresiones físicas y 5% a secuestro o privación de la libertad.

Es importante destacar que, al ser una República Federativa, en México coexisten diversas realidades y complejidades. En el ámbito federal, en algunos casos en diálogo con organizaciones de derechos humanos y movimientos sociales, se han logrado impulsar esfuerzos y medidas de protección que buscan atender las causas estructurales, sin embargo, la realidad en los territorios y entidades federativas muchas veces no está alineada con este esfuerzo federal.

En varios estados, la violencia y el control territorial del llamado crimen organizado desbordan la capacidad institucional, evidenciando los altos niveles de complicidad entre algunas autoridades públicas y grupos fuera de la ley. Esta dinámica ha derivado en la instrumentalización del Estado por parte de estos grupos y el poder económico, consolidando un sistema de impunidad que impacta de manera directa en todos los ámbitos de la vida de la población mexicana y, en particular, en la labor de las defensoras de derechos humanos.

Entre 2019 y 2024 nuestro registro de agresiones documentó un total de 10,262 agresiones en contra de 2,303 defensoras y 143 organizaciones. Chiapas, Oaxaca y el Estado de México fueron las entidades federativas que concentraron la mayor parte. A éstas se une la Ciudad de México, en parte debido al mayor peso poblacional que esta entidad tiene y por ofrecer mejores condiciones de acceso a la información que nutre nuestro registro.

México se encuentra, año tras año, entre los países más letales para quienes ejercen el periodismo. Los medios pequeños y alternativos se enfrentan a los oligopolios mediáticos, a la criminalización y a la violencia. La precariedad del trabajo periodístico es otro factor relevante para entender el grado de exposición y riesgo que entraña la profesión. En nuestro sistema de registro, hemos documentado mayores agresiones en contra de quienes cubren temas relacionados con política, corrupción y colusión entre crimen organizado y actores políticos. Las periodistas que cubren manifestaciones, en particular marchas feministas, enfrentan también un riesgo particularmente elevado.

Por otro lado, las políticas extractivas continúan. Si bien actualmente se busca una mayor rectoría del Estado y una reorientación del uso de los recursos hacia programas sociales, esto no modifica de fondo un modelo económico desarrollista que continúa devastando los territorios. A la fecha, se registran 211 conflictos ambientales en el territorio mexicano. En este contexto, las defensoras de la tierra, el territorio y los bienes naturales se enfrentan a los modelos hegemónicos de acumulación capitalista y explotación extractivista, en una lucha intrínsecamente transgresora que les conlleva riesgos particularmente elevados.

El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA)) da cuenta que en 10 años fueron asesinadas en el país 102 personas defensoras del medio ambiente; sólo en 2023 fueron 20. En cuanto a agresiones no letales, el CEMDA registró 1,317 casos, la mayoría de las cuales afectaban a personas indígenas cuya lucha se centra en la defensa del territorio contra la minería y en la defensa del agua.

En los últimos tres años (2023–2025), a través de nuestro registro de agresiones hemos documentado en México 655 ataques contra defensoras de la tierra, el territorio y los bienes naturales. Estas mujeres se enfrentan a los grandes intereses económicos que sostienen proyectos extractivos o de infraestructura. Algunas de las agresiones registradas se dieron en el marco de actos de resistencia ante el megaproyecto del tren maya, la mega granja porcina en Yucatán, el corredor interoceánico en Oaxaca, la explotación del agua de la empresa Bonafont en Puebla y diferentes proyectos inmobiliarios a lo largo del país.

Adicionalmente, desde el inicio de la llamada “guerra contra el narcotráfico” en 2006 se ha visto agudizada la situación de riesgo de quienes defienden el derecho a la verdad, justicia y reparación.Este contexto se refleja especialmente en las agresiones contra las buscadoras, con mayor incidencia en estados como Jalisco, Guanajuato, Querétaro, Quintana Roo, Morelos, Guerrero, San Luis Potosí, Michoacán y Oaxaca. Actualmente y con base en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas actualizado al 8 de enero 2026, en México se encuentran reportadas como desaparecidas y no localizadas 133,472 personas (Comisión Nacional de Búsqueda, s.f.). La magnitud de la crisis de desapariciones en el país es directamente proporcional al nivel de riesgo y agresiones que enfrentan las buscadoras.

Entre 2020 y junio de 2026 documentamos el feminicidio de 23 buscadoraslo que representa 38% del total de las defensoras asesinadas en México. Además, registramos otras modalidades de agresiones en contra de este colectivo, como seguimientos, vigilancias, amenazas de muerte, agresiones físicas y desaparición.

Otros dos grupos de defensoras especialmente vulnerables a agresiones en México son, por un lado, quienes defienden el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia; y, por otro lado, quienes pertenecen y/o impulsan los avances en garantía de derechos las diversidades sexo genéricas. Las violencias contra las defensoras del derecho a una vida de violencia provienen de los agresores de las mujeres que  acompañan y de toda la infraestructura institucional y fáctica que protege y perpetúa el orden patriarcal.

Entre 2020 y diciembre de 2025 documentamos 2,582 agresiones contra defensoras del derecho a una vida de violencia, la mayoría (75%) fueron perpetradas en acciones colectivas. Según el informe 2024 de Letra Ese, de las 80 víctimas LGBTTTIQ+ de homicidios registradas en 2024, al menos 7 eran consideradas personas defensoras de derechos humanos, de las cuales 5 eran mujeres trans, 1 hombre gay y 1 persona Muxe. 

Es especialmente preocupante la situación de las defensoras trans, quienes enfrentan un riesgo de violencia letal particularmente alto.

A través de nuestro registro hemos documentado 16 transfeminicidios de defensoras entre 2020 y junio de 2026.

Asimismo, identificamos el uso de campañas de desprestigio que cuestionan el liderazgo e integridad moral de las defensoras de derechos de las diversidades sexo-genéricas a partir de la ridiculización de su vida sexual o de señalamientos falsos de corrupción o malversación de fondos de sus organizaciones.

3. ¿CÓMO SE RELACIONAN LAS DEFENSORAS MEXICANAS CON LAS TECNOLOGÍAS?

Los testimonios recogidos en esta investigación evidencian cómo los usos y los cuidados digitales han cambiado con los años, ya que la mayoría de las defensoras reconoce tener en la actualidad un uso mucho más intensivo de las tecnologías y una mayor conciencia y práctica del cuidado de sus datos y privacidad. Como anécdota, una defensora entrevistada cuenta que cuando tuvo su primer número de celular, lo anotó en un pizarrón para que la gente tuviera acceso a él; hoy reconoce que eso sería impensable.

En general, el uso de la tecnología se percibe inicialmente como si se tratara de una herramienta neutral y, más tarde, esta percepción cambia. Para algunas defensoras, los episodios traumatizantes, como el espionaje u otros ataques digitales, son los que activan la necesidad de aprendizaje:

“Después de tantos años, recién estoy acudiendo al primer cursito sobre los materiales digitales, herramientas digitales y todo lo que implica la seguridad”.

Para otras, es más bien el contexto y el hecho de observar las precauciones en el uso de las tecnologías por otras compañeras lo que les permite reconocer los problemas y aprender juntas.

A pesar de que ninguna de las entrevistadas se reconoce como una persona con experiencia en cuidados digitales, los testimonios demuestran que algunas defensoras sí conocen y aplican algunas estrategias y prácticas de seguridad. Por ejemplo, algunos testimonios señalan como una medida de cuidado el compartimentar los contenidos de acuerdo con el ámbito —personal o de trabajo— y el tipo de redes sociales —abiertas o restringidas— en los que se comparten. Otra medida identificada, que surge de la naturaleza de su trabajo, es tener especial cuidado al compartir información en el celular cuando transitan por la frontera del país. También hay otros que emergen de sus prácticas diarias, como el cambio de contraseñas y el uso de correos electrónicos de respaldo.

Asimismo, se reconoce una interseccionalidad fundamental para la apropiación de las tecnologías y de la seguridad digital entre las defensoras: la edad. Como señala un testimonio:

“Yo ya tengo 61 años, pues sí, yo no tengo la facilidad que tienen las jóvenes para manejar, pero estoy haciendo un esfuerzo”.

Justamente, las entrevistadas valoran los espacios de aprendizaje más formales, por ejemplo, cursos de seguridad digital en los que se comparten experiencias entre defensoras, sobre todo, desde un punto intergeneracional, en el que, como afirma un testimonio, las compañeras más jóvenes y que están más familiarizadas con las tecnologías brindan apoyo a las mayores.

4. VIOLENCIA DIGITAL CONTRA DEFENSORAS DE DERECHOS HUMANOS EN MÉXICO

De acuerdo con nuestro registro, entre 2020 y 2025 en México se produjeron 2,377 agresiones a través de medios digitales contra defensoras de derechos humanos y sus organizaciones; esto representa que una de cada cinco agresiones (20%) registradas durante el periodo fueron facilitadas por las tecnologías. 

La mayor parte de estos ataques fueron en contra de periodistas, defensoras del derecho a la información y la libertad de expresión y contra defensoras del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

Las defensoras mexicanas encuestadas consideran que las agresiones digitales son sistemáticas en su activismo y que la situación ha empeorado en los últimos dos años. Así, la mayoría se sienten vulnerables a ataques vinculados al uso de las tecnologías debido a la existencia de un contexto hostil para la defensa de derechos humanos, en el que prevalece la impunidad y se percibe un aumento de los ataques digitales.

LA DIMENSIÓN DE GÉNERO DE LA VIOLENCIA DIGITAL

Según nuestro registro, 70% de las agresiones digitales documentadas en México entre 2020 y 2025 presentan componentes de género.

Los testimonios recogidos para esta investigación confirman estos datos y muestran cómo los ataques mediados por las tecnologías forman parte de estrategias patriarcales de silenciamiento y amedrentamiento hacia las defensoras.

Por una parte, las violencias discursivas que en general se reciben a través de las redes sociales están cargadas de misoginia e incluyen comentarios despectivos basados en la apariencia física de las defensoras, en la sexualización de sus cuerpos o en el permanente cuestionamiento de su feminismo. Los ataques misóginos son especialmente comunes en contra de feministas. Como señala una de las defensoras entrevistadas:

“Hay causas que se reconocen como válidas y otras que son cuestionadas constantemente. Ahí lo pienso mucho cuando tiene que ver con los derechos de las mujeres, y mucho más si son de niñas y adolescentes o lesbianas y bisexuales”.

Por otra parte, está la violencia sexual como un componente del ataque, por ejemplo, en la publicación de imágenes o videos íntimos de las defensoras sin su consentimiento, o en la amenaza de violaciones correctivas cuando no cumplen con el mandato patriarcal de la heterosexualidad. También abundan las amenazas de muerte que se extienden a familiares de las defensoras, relacionado con el papel de madres, abuelas y cuidadoras que muchas de ellas desempeñan, lo cual les genera una especial angustia.

5. ¿QUÉ AGRESIONES ENFRENTAN LAS DEFENSORAS MEXICANAS EN EL ÁMBITO DIGITAL?

Al preguntarles sobre las agresiones digitales más usuales en su activismo, identificamos entre las defensoras mexicanas entrevistadas la dificultad para discernirlas y nombrarlas. El hackeo y el espionaje, por ejemplo, son conceptos que admiten un amplio abanico de interpretaciones. Ante este escenario, describimos y categorizamos los distintos tipos de ataques que logramos distinguir a partir de las entrevistas y encuestas, señalando el efecto que tienen en las defensoras.

  • Acoso digital. Esta modalidad de agresión busca atemorizar, enfadar o humillar a las defensoras con el objetivo de deslegitimar su labor. La estrategia de la que se vale es prodigar insultos misóginos —dirigidos tanto a las defensoras como a sus organizaciones— que, dependiendo del contexto, pueden percibirse como una forma de amedrentamiento sistemático. Las redes sociales son las plataformas en las que más ocurren. Otra estrategia usual de acoso son los intentos de apoderarse de sus cuentas o perfiles. Para algunas defensoras, hay una cierta naturalización de estos ataques porque quizás se desestiman sus efectos o porque no hay tiempo ni recursos para prestarles demasiada atención. A pesar de ello, terminan siendo costosos. Una de las entrevistadas señala:

    “La verdad es que sí nos ha llegado a ocupar momentos de nuestras reuniones para reflexionar y hacer catarsis sin que podamos encontrar una estrategia para abordarlo”.

    En abril de 2023, el sitio de noticias de corte feminista Sem México fue vandalizado por 1915 Team, haker o hakers, que lograron acceder al sitio sin autorización, cambiaron su apariencia y dejaron una amenaza en inglés. Antes ya habían sido objeto de diez intentos fallidos, aunque no se especifica si del mismo tipo.

  • Amenazas. Son ataques que apuntan a la integridad de las defensoras y sus familiares, y van desde las amenazas directas contra sus vidas hasta advertencias de violación sexual.

  • Violencia sexual digital. Consiste en mensajes o llamadas con contenido sexual con el fin de hostigar o amenazar a las defensoras. También incluye la difusión no consentida de imágenes íntimas de las defensoras, generalmente por parte de ex-parejas. Este tipo de violencia tiene un amplio rango de reacciones: algunas no las toman en serio, a otras les ha significado perder sus trabajos.

    En 2025 documentamos el caso de una defensora que fue agredida  a través de medios digitales por la ex-pareja de la mujer a la que acompañaba después de que ésta lo hubiera denunciado por el delito de secuestro y tentativa de feminicidio. Las agresiones y hostigamiento constante que vivió estas defensora incluyen amenazas y el uso de cuentas falsas para el envío de fotografías con contenido sexual a través de mensajes de Facebook.
  • Vigilancia ilegal. Esta tipología de ataque entraña un amplio rango de estrategias: grabaciones sin autorización que se hacen públicas para acosar, hostigar o desinformar; la intervención de teléfonos, la vigilancia electrónica, seguimiento a la defensora y monitoreo de sus actividades digitales. Es importante destacar que el espionaje y la vigilancia que se viven en el país forman parte de una estrategia histórica de control de liderazgos sociales y colectividades.

    Un caso que da cuenta de las implicaciones de estos sistemas de vigilancia o espionaje es el que vivió la periodista mexicana Marcela Turati —defensora de las familias de las víctimas de la masacre de San Fernando—, junto con la perito argentina Mercedes Doretti y Ana Lorena Delgadillo, cuyas comunicaciones fueron mapeadas, sus llamadas telefónicas y mensajes de texto rastreados y su ubicación geográfica registrada por la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (antes siedo), de 2015 a 2016 (Castañeda, 2021). Esto impactó psicológica y físicamente en su entorno personal y laboral, pero también tuvo efectos colectivos al alimentar la impunidad y generar miedo, desconfianza y criminalización hacia y entre las personas que buscan justicia y ejercen la labor periodística y la abogacía.

Estos tipos de agresiones se pueden manifestar de forma simultánea. Por ejemplo, en el caso de la vigilancia ilegal, se puede sostener que, en ocasiones, se vincula con el hostigamiento ya que, por distintos modos, se le hace saber a la defensora y a su organización que está siendo vigiladas:

“Estoy hablando [por teléfono] y un eco tremendo, comienzan a oírse voces y comienzan a hacer correr una cinta… o sea, ostentoso, pues, que sí nos escuchan”.

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