Somos defensoras de derechos humanos, alfareras del cuidado y la sanación. Por defender la vida vivimos los impactos de una política de muerte que los poderosos buscan expandir a lo largo y ancho de la región mesoamericana y del mundo. Sin embargo, en cada rincón, estamos nosotras, juntas, resistiendo. Somos barro, memoria antigua que se reinventa. Casa La Serena: sueño colectivo, propuesta política, realidad feminista, hogar de todas. Impulsada por Consorcio Oaxaca y la IM-Defensoras, es también un espacio de pausa activa en nuestra reflexión política y la de nuestras aliadas en el Sur Global. En estos 10 años, hemos acompañado una inmensa diversidad de cuerpos-territorios que vienen de distintos cerros, mares, valles, planicies y ciudades. Mujeres que, como en el barro, son habitadas por grietas, dolores, tristezas, heridas, duelos. En Casa La Serena ponemos el cuidado en el centro, como un pacto político para reclamar y accionar nuestro derecho al bienestar y al gozo, y así entrelazarnos con nuestro inmenso poder colectivo. Abrevamos de distintos procesos para transformar lo que duele, lo que necesita ser mirado y recreado en nuestros activismos. Para ser quienes, libre y dignamente, queremos ser. Como el barro, nos vamos amasando despacio, con paciencia y atención. Damos forma con dedicación y esmero a prácticas que nos reconectan con lo profundo, lo heredado, lo que está vivo, lo que nos devuelve al origen y nos motiva desde ahí. Somos barro, tierra viva. Desde una postura feminista, entre saberes holísticos, ancestrales, terapias alternativas, medicinas naturales, expresión corporal, alimento gozoso y convivencia tierna y radical, potenciamos nuestro latido y politizamos el derecho a mirarnos y ponernos en prioridad: la pausa es parte del camino. En Casa La Serena dejamos reposar los sentipensares, atendemos la fragilidad de lo que pide ser cuidado. Con el poder del agua y el soplo cálido del viento reparamos las fisuras, confiamos en el proceso y recreamos una existencia en la que nos sabemos sostenidas. Las redes nos salvan. Desde este espacio, las defensoras de derechos humanos, hemos aprendido a dar forma, pulir, bruñir, y dar brillo a nuestras mentes, cuerpos, espíritus, emociones y energías vitales desde una sabiduría simple, coherente y arraigada que nos inspira nuevas formas de estar, experimentar, practicar y sentir el mundo. Somos y seremos en COMUNIDAD. Sosteniendo la calidez del fuego y dejándonos cobijar por él. Con el humo sagrado de nuestros corazones transformamos los mandatos patriarcales y nos reinventamos a nosotras mismas. De las vasijas que se rompen, naceremos otras: más libres, rebeldes y juntas. Venimos a Casa La Serena a encontrarnos, a llevarnos saberes para nuestra práctica política y vida cotidiana, a re-apropiarnos de nuestros cuerpos-territorios, a situarnos en reciprocidad con la vida. En estos 10 años de Casa La Serena, HONRAMOS, AGRADECEMOS Y CELEBRAMOS que somos barro vivo y fuego colectivo. SOMOS ALFARERAS DEL CUIDADO.