Durante los meses de marzo de los últimos seis años (2020-2025) hemos registrado 5,672 agresiones contra 907 defensoras y 65 organizaciones que defienden derechos humanos en México, Guatemala1, Honduras, El Salvador y Nicaragua, lo que representa 13% del total de agresiones documentadas en este período. Cerca de la mitad (41%) de las agresiones resgistradas en marzo a lo largo del periodo indicado se perpetraron en el territorio digital. De esta forma constatamos cómo el llamado “mes de las mujeres”, por la fuerza y la visibilidad que cobran las diversas luchas de las mujeres alrededor del Día Internacional de la Mujer (8M), consolida su tendencia de ser el mes más peligroso para las defensoras de derechos humanos, tanto en el ámbito físico como en el digital.
Las agresiones más frecuentes documentadas en marzo son aquellas que afectan la integridad personal de las defensoras, como la violencia física, verbal y psicológica, así como el uso excesivo de la fuerza, las cuales representan 32% del total. También destacan las agresiones que limitan el derecho a la reunión y a la libertad de expresión (13%). Este tipo de agresión puede llegar a restringir completamente el derecho a manifestarse, como ocurre en Nicaragua, donde, debido a la represión estatal y el exilio, nuestras compañeras defensoras cumplen ocho años desde el último #8M en el que pudieron marchar juntas.
Este marzo de 2026 llega en un contexto regional e internacional marcado por el auge de fuerzas de extrema derecha y de narrativas misóginas y antiderechos, que se despliegan masivamente a través de espacios digitales, medios de comunicación y discursos oficiales provenientes de instituciones y gobiernos. A ello se suma el inicio de un nuevo ciclo de expansión imperialista por parte de Estados Unidos, apoyado en su poder militar y económico, orientado a profundizar políticas intervencionistas y extractivistas, la depredación territorial, el saqueo de bienes naturales y el despojo de los pueblos y comunidades de Abya Yala en beneficio de oligarquías, élites corruptas y del capital internacional.
Por otro lado, la normalización y la impunidad de barbaries como el genocidio perpetrado por el Estado de Israel en Gaza, así como la trama expuesta en el llamado caso Epstein —una red internacional de pactos patriarcales entre élites donde poder, dinero y violencia sexual se articulan para garantizar impunidad y reproducir privilegios a costa de la explotación y la violencia contra mujeres y niñas, muchas de ellas pobres y provenientes de países de nuestra región – lanza el inhumano mensaje de que hoy en dia, en pleno siglo XXI, para quienes gobiernan y sus entramados de intereses, hay multitud de cuerpos desechables, explotables y violentables, marcados casi siempre, por su género –ser mujer o disidencia sexo-genérica– por el color de su piel, por su procedencia o por su clase social.
Este escenario global no es abstracto ni lejano: impacta directamente en nuestros territorios. Se traduce en el recrudecimiento de múltiples violencias, en la expansión de políticas represivas, en la profundización de la precarización de la vida, y en el aumento de migraciones y desplazamientos forzados que afectan de manera diferenciada a las mujeres. En este contexto, quienes defendemos derechos humanos quedamos expuestas a mayores riesgos precisamente porque desafiamos esas estructuras de poder.
Nuestro liderazgo y nuestra participación política y social cuestionan de raíz la estructura de discriminación y desigualdad basada en el género. Por ello no es casual que en tres de cada cinco agresiones documentadas durante los meses de marzo entre 2020 y 2025 hayamos identificado un componente explícito de violencia de género: mensajes misóginos, campañas de difamación centradas en nuestra sexualidad o identidad, amenazas sexualizadas y discursos que buscan disciplinarnos, “devolvernos a nuestras casas” y castigarnos por desobedecer el mandato patriarcal.
Ante este contexto, ahora más que nunca es fundamental que las voces de las mujeres y disidencias sexo-genéricas resuenen en las calles y territorios digitales, dejando claro que no estamos dispuestas a retroceder en ninguno de los derechos conquistados, que no nos callaremos ante el auge del autoritarismo y la profundización de la violencia capitalista, racista y patriarcal; y que nos mantenemos firmes, tercas, rebeldes y cuidándonos juntas en el camino de defender lo ganado y seguir avanzando hacia la construcción de un mundo mejor para todas las personas y seres de la red de la vida.
Por ello, desde la IM-Defensoras, junto con nuestras redes y articulaciones nacionales y territoriales, durante este mes nos mantendremos vigilantes, recordando a los Estados que marchar y alzar la voz es nuestro derecho, y documentando y denunciando las agresiones y violencias patriarcales dirigidas contra las defensoras mesoamericanas, sus organizaciones y comunidades.
- Los datos de Guatemala corresponden a 2020-2024. ↩︎︎